
Me hubiera gustado contarte que ando deambulando por ahí sin sentido
alguno tratando de encontrar lo que ya no busco. Hablarte de las horas
sin sentido que se mezclan con las nubes para hacer más nítido tu
recuerdo o de lo efímero que resulta la alegría de oir tu voz através
del teléfono. Hubiera preferido enviarte mi corazón y no las camisas que
caen como trapos derrotados en sus mil y un intentos fallidos de calmar
el frío que se cala en los huesos y te hace tiritar, y que por
desgracia, no cesa. Decirte que el olor de tu ropa no se va ni
lavándolas cien veces e imposibilita la idea de olvidar que existes, que
todo sigue tal y como lo dejaste. Hubiera querido contarte que las
madrugadas me las paso ahuyentando fantasmas que se pasean por casa como
si nada, imitando tu risa y para colmo, no se les dá nada mal eso de
imitar. Decirte que los relojes andan rotos pues los mínutos pasan como
idiotas cuentagotas y hacen más insoportable la espera y que las paredes
de la habitación desprenden gritos ensordecedores de dolor, ausencia y
perdidas. Me hubiera gustado contarte que las fotos se han desteñido y
han perdido todo su color, que ahora no son más que papeles sujetados
por chinchetas que incitan a cerrar los ojos y perderte en el pasado.
Hablarte, por ejemplo, de la tediosa rutina de tachar en el calendario
los días que faltan para volver a verte...
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